POBREZA, LO QUE OCULTAN LAS CIFRAS NACIONALES(I)

Gabriel Quadri, agosto 2015

La pobreza en nuestro país, asumida sólo como concepto genérico, y proyectado uniformemente sobre el territorio nacional obstaculiza su comprensión e imposibilita  identificar con claridad sus orígenes.  En el escenario de un México de enorme pluralidad y diversidad, ver los datos alarmantes de pobreza recién publicados por CONEVAL sólo con una óptica nacional, nos ciega a realidades contrastantes, así como a causalidades y  a correlaciones únicamente perceptibles a través de un análisis a escala regional. Por ello, es crucial prestar atención a datos con una mayor resolución territorial, así como a su evolución a lo largo del tiempo en distintas entidades federativas, tanto en lo que respecta a la pobreza en su significado extremo (incapacidad de adquirir una canasta alimentaria básica) como en su versión más amplia de carencias específicas en seguridad social, ingreso, vivienda, educación, alimentación o salud.

Los niveles de pobreza y pobreza extrema se han mantenido inaceptablemente altos  si observamos las cifras en forma agregada (46.2% en pobreza, y 9.5% en pobreza extrema). Sin embrago, éstas enmascaran realidades estatales totalmente divergentes que claman por una explicación, al igual que interacciones con otras variables socioeconómicas y ambientales de indudable relevancia, que es preciso develar. Hacer un análisis a escala espacial más fina es indispensable para conjeturar de manera informada sobre los contextos o procesos que  prohijan o reproducen la pobreza, y para encontrar influencias significativas entre ella y otros temas prioritarios de la agenda nacional. Entender su entramado es fundamental para diseñar políticas públicas eficaces.

Si bien México como Estado Nación se cohesiona y significa por un marco institucional común y por decisiones y políticas  de cobertura general, existen entre entidades federativas diferencias muy pronunciadas en su desempeño económico y en cuanto a la funcionalidad y productivdad de instituciones locales específicas, no se diga en cuanto a circunstancias y dinámicas culturales, demográficas, y ecologicas.

Definitivamente, mucho en las cifras de CONEVAL, que revelan una decepcionante persistencia de la pobreza a escala nacional,  emerge desde varias entidades federativas que jalan hacia atrás y retienen al país, y donde el número absoluto de pobres y pobres extremos ha aumentado en forma evidente. Destacan en especial aquí el Estado de México y Veracruz, así como Michoacán, Oaxaca, Chiapas, Morelos e Hidalgo. Estos estados justifican el autoflagelo en la opinión pública,  y no permiten que aflore a nivel agregado el éxito de muchos otros, como Jalisco, Nuevo León, Durango, Nayarit, Querétaro, Puebla, Sonora, Baja California, Aguascalientes y San Luis Potosí, entidades que han logrado reducir considerablemente el número de pobres y de pobres extremos. Al ignorarlo perdemos nortes y evidencia esenciales.

La pobreza y la pobreza extrema tienen toponimias ancestrales y endémicas en Chiapas, Guerrero y Oaxaca, aunque alcanzan expresiones intensas también en entidades como Veracruz, Puebla y Michoacán. ¿Qué tienen en común esos estados? ¿Qué tienen en común los grupos sociales que más la padecen? ¿En qué tipo de poblaciones habitan, y en que condiciones de productividad? ¿Cuál es su dinámica demográfica? ¿Qué tipo de instituciones, valores y cultura prevalecen? ¿Qué circunstancias ecológicas las caracterizan? No dar respuesta fidedigna a tales preguntas nos inhabilita para plantear iniciativas racionales de solución al problema.

La persistencia y  cambios en la incidencia de la pobreza y pobreza extrema a lo largo  de los años, décadas e incluso siglos,  en ciertas entidades federativas, indican mucho sobre los contextos que las determinan o disipan. ¿Qué ha ocurrido y ocurre en  estados donde la pobreza ha disminuido, y qué ha dejado de ocurrir en los que se arraiga y crece? Las respuestas son condición necesaria para diagnosticar el padecimiento y encontrar  curas o tratamientos eficaces, más allá de políticas triviales de subsidio palmariamente inoperantes.

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