Había una vez… Pesca; atraco ecológico en el Golfo de México

Había una vez en el Golfo de México, en la Sonda de Campeche,  una región marina a salvaguarda de la depredación pesquera gracias a que ahí se encontraban los  más importantes yacimientos e instalaciones petroleras de México. Ésta se decretó formalmente como Zona de Exclusión Pesquera (ZEP) en 2003, prohibiéndose a los pescadores que entraran por razones de seguridad nacional, después de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001.  Gracias a ello, la zona, que había sido históricamente saqueada, se recuperó espectacularmente en 10 años. Sin querer, se transformó en un refugio y en la única área marina verdaderamente protegida de la explotación de la industria pesquera, que ya había dado cuenta, colapsado y destruido el potencial productivo de los ecosistemas y de muchas pesquerías de Golfo de México. A pesar de ser pequeña, menos del 2%   de la superficie del mar territorial y patrimonial en el Golfo (1.7 millones de hectáreas, de un total de 85 millones de hectáreas), funcionó como extraordinaria incubadora y centro de repoblamiento y reproducción de especies marinas, algo insólito en la historia de los mares mexicanos y del propio sector pesquero.  Al grado de que en tiempos recientes, varias pesquerías se recuperaron, y comenzaron a crecer nuevamente las capturas y los ingresos de los propios pescadores.

 

La ZEP funcionó como alcancía o ahorro forzoso a largo plazo para ellos, en una situación en que los empleos se habían perdido y los ingresos se habían abatido por la depredación de un esfuerzo pesquero excesivo e irracional. Recordemos que esto ocurrió en ausencia de una  regulación eficaz, y por una situación de  impunidad e ilegalidad  generalizadas bajo la mirada complaciente de la “Autoridad”, o sea, de la Comisión Nacional de Pesca (CONAPESCA), que tiene como principal ocupación subsidiar cuantiosamente a los combustibles de lanchas y barcos pesqueros, para que puedan llegar más lejos, pescar más tiempo, cargar más, y usar las tecnologías más ineficientes y destructivas. De hecho, gracias a esos subsidios es posible que barcos camaroneros arrasen  los fondos marinos con sus redes de arrastre, aunque sólo 10% de lo que capturan pueda ser comercializado; el resto de los peces y otras creaturas, ya muertos, son desperdiciados y tirados de nuevo al mar.

 

Pero como la ZEP era un  asunto de seguridad nacional, la  Armada de México vigilaba  con relativo éxito y  mantuvo a los pescadores a raya. Las plataformas e instalaciones petroleras se convirtieron en verdaderos arrecifes artificiales, que atrajeron y soportaron nuevas formas de vida, y ofrecieron un sustrato ecológico nuevo a crecientes poblaciones de peces, moluscos, crustáceos, tortugas, corales, esponjas, mamíferos y muchos más grupos de seres vivos, que incluso tendieron a colonizar y a repoblar las regiones aledañas depauperadas biológicamente por los pescadores.

 

Todo esto despertó su codicia y la de sus líderes, así como de autoridades ambiciosas  y miopes que vieron la oportunidad de recuperar y crear nuevas clientelas para su propio beneficio político. Junto con el gobierno del Estado de Campeche presionaron para acabar con la ZEP y abrirla a la explotación. Lo lograron. SAGARPA y CONAPESCA se apuntaron una enorme victoria, aunque sea en realidad un atraco para la Nación y para nuestros ecosistemas marinos.  La ZEP  será ahora explotada y depredada hasta su agotamiento  en pocos años (como ha sido costumbre de décadas), por todos los pescadores, no sólo de Campeche sino de Veracruz y Tamaulipas. No importa que no se hayan hecho los estudios indispensables, ni consultado a especialistas en conservación marina y a la sociedad civil.

 

El Acuerdo correspondiente se publicó este martes 11 de octubre de 2016 en el Diario Oficial de la Federación.

 

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