Nueva Constitución CDMX, Descentralización y Centralidad

La Constitución Política de la CDMX entra en vigor el próximo 17 de septiembre, creando una nueva arquitectura institucional y jurídica, y un exhaustivo catálogo de derechos para ciudadanos y colectividades (comunidades indígenas, grupos étnicos, pueblos y barrios originarios). Está cuajada de tensiones entre lo público y lo privado, entre lo individual y colectivo, y entre la centralidad gubernativa y la descentralización. Sólo la la destreza política de la próxima Jefa de Gobierno, el pragmatismo, y/o la precisión de conceptos y alcances en la legislación secundaria podrán resolverlas.

Una de las tensiones más notables y trascendentes se establecerá entre fuerzas constitucionales descentralizadoras, y preceptos, también constitucionales, de nueva centralidad. Tirando hacia la descentralización, sobresalen nuevas facultades otorgadas a las demarcaciones territoriales o Alcaldías, que virtualmente las equiparan al régimen municipal que prevalece en el resto del país. Por ejemplo, disfrutarán de personalidad jurídica y mayor autonomía de gasto dentro de la hacienda pública unitaria de la ciudad que las actuales delegaciones, así como responsabilidades más amplias en materia de servicios públicos e infraestructuras, espacios públicos, vialidades, movilidad y transporte, agua, seguridad, regulación de edificaciones, y planeación territorial, entre otros temas. Este ímpetu constitucional descentralizador, si no se gestiona con pericia y firmeza, podría atraer enormes riesgos de fragmentación o balcanización, disfuncionalidad territorial y de servicios, cacicazgos, y mayores desequilibrios sociales, económicos y urbanos. Tengamos en cuenta que las tendencias en muchas de las grandes ciudades del mundo son hacia sistemas metropolitanos de gobernanza, y que la fractura municipalista genera graves problemas de eficiencia y eficacia en la administración pública en un sistema urbano orgánico e integrado. Ahí están los ejemplos de Guadalajara, Monterrey y La Laguna.

En contraposición, son notables en la Constitución preceptos que conservan íntegras facultades cruciales de la administración central de la ciudad, y que le conceden novedosas y más amplias responsabilidades con una óptica de re-centralizadora. Tal es el caso, por una parte, del Instituto de Planeación y la formulación del Programa de Ordenamiento Territorial general de toda la CDMX, así como la expedición de lineamientos para los programas respectivos de cada una de las Alcaldías. Con ello, claramente, la administración o gobierno central de la ciudad preserva sus potestades en materia de gestión territorial y de los usos del suelo, así como de política general de desarrollo (a través del Plan General de Desarrollo).

Por otra parte, destacan las responsabilidades directas que la Constitución le ha conferido a la Jefa de Gobierno de la CDMX al respecto del Centro Histórico y del Sistema de Áreas Naturales Protegidas. Esto es de gran trascendencia, en la medida que a partir de ahora, tendrá a su cargo espacios territoriales estratégicos en los que seguramente aflorarán importantes tensiones con las Alcaldías.

Adviértase que el Centro Histórico será gobernado por la Jefa de Gobierno a través de la Autoridad del Centro Histórico, incluyendo el área dentro del Perímetro “B” que configuran Balderas, Reforma Norte, Circunvalación, Fray Servando y San Pablo. Ahí, tendrá facultades y responsabilidades de regulación urbana, intendencia, mantenimiento, renovación, restauración, y conservación de inmuebles y monumentos históricos. Los conflictos con el INAH serán épicos.

Igualmente, considérese que en materia de Áreas Naturales Protegidas, la Jefa de Gobierno asumirá facultades y responsabilidades plenas en el Desierto de los Leones, Cumbres del Ajusco, Ajusco Medio, Los Dinamos, Cerro de la Estrella, Sierra de Santa Catarina, Sierra de Guadalupe, las zonas lacustres de Xochimilco y Tláhuac, Fuentes Brotantes, las tres Secciones de Chapultepec, Bosques de Tlalpan y de Aragón, y todas las áreas de Valor Ambiental decretadas. En síntesis, asumirá el control directo de una importante proporción del territorio de la CDMX, en un balance, tal vez, de centralización neta para el gobierno de la CDMX. Bienvenido.

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