Isla Clipperton o Isla de la Pasión. Soberanía y Conservación de los Mares

El atolón de Clipperton representa una historia triste para la soberanía marítima de México. Se ubica a 1,280 Km al suroeste de Acapulco. Es rico en biodiversidad marina, además de ser un importante nodo de conectividad ecológica para especies marinas. Tiene 3 kilómetros de diámetro y un perímetro de 11 kilómetros. Tal vez visto así, no despertaría mayor interés. Sin embargo, recordemos que las islas, de acuerdo al derecho internacional, dan origen a una Zona Económica Exclusiva de doscientas millas náuticas, lo que genera una enorme superficie de soberanía sobre el mar y sus recursos y ecosistemas.

El atolón de Clipperton fue descubierto en 1527 por el explorador español Álvaro de Saavedra. Otros navegantes la avistaron, y le dieron el nombre de Isla de la Pasión. El apelativo Clipperton viene de un capitán Inglés (pirata), John Clipperton, que redescubrió la isla en 1705. Hacia la quinta década del siglo XIX, la Francia de Napoléon III consideró valiosa la isla por la existencia de guano, elemento básico como fertilizante en la agricultura de la época. Decidió tomar posesión de ella. Un teniente de la armada francesa escribió un acta sin siquiera pisar la isla, y formalizó la apropiación ante el reino de Hawái, publicando en The Polynesian un edicto. Todo ello, a pesar de que la isla había sido posesión española y por tanto territorio heredado a México con la independencia. Hacia finales del siglo XIX, compañías norteamericanas e inglesas explotaron el guano. Francia reclamó con éxito, aunque México demandó (durante el gobierno de Porfirio Diaz) la titularidad de la posesión. Para ello, en 1906, se envió un malhadado destacamento militar, descrito intensa y dramáticamente en la novela “La Isla de la Pasión” por Laura Restrepo (recomiendo ampliamente leerla en estas vacaciones). Francia insistió en la posesión, y México, envuelto en la vorágine de la Revolución, aceptó un arbitraje del Rey Victor Manuel de Italia, en cuyo laudo, en la década de los treinta del siglo XX, la perdimos.

Ahora, la actualidad y las oportunidades. Recientemente, el Presidente Peña Nieto decretó como Parque Nacional con prohibición total de pesca las Islas Revillagigedo y su entorno marino con una considerable superficie de casi 15 millones de hectáreas. Esto fue celebrado y reconocido por la comunidad internacional. Tengamos en cuenta que Revillagigedo forma parte de un estratégico corredor biológico marino que va de las islas del Pacífico Mexicano y el Mar de Cortés, hasta las Islas Galápagos en Ecuador, e integrado por Clipperton (Francia), y las islas de Coco (Costa Rica), Coiba (Panamá) y Malpelo (Colombia). En este, llamado Corredor Biológico del Pacífico Oriental, se han comprometido y coordinado políticas de conservación por los países correspondientes, excepto para Clipperton de Francia que no tiene estatus de Área Natural Protegida, y donde se sigue permitiendo la pesca industrial de embarcaciones atuneras mexicanas, norteamericanas, guatemaltecas, japonesas y de otros países, con un fuerte impacto ecológico.

Sería un gran logro de alcance global si México y Francia reinterpretan la historia de Clipperton en clave de conservación, cooperación bilateral y responsabilidad planetaria. México debe acercarse a Francia, reconocer la soberanía francesa y su Zona Económica Exclusiva, y proponer y acordar a cambio la creación de un gran Parque Nacional francés en Clipperton con exclusión de pesca que quedaría integrado y hermanado con el nuevo Parque Nacional Revillagigedo. Este binomio de conservación potenciaría  la red de reservas marinas en la región, además de proveer un sólido soporte a la conectividad de ecosistemas y especies marinas (especialmente tiburones y tortugas) que migran a lo largo del  Pacífico Oriental Tropical. Sería un enorme triunfo diplomático y ecológico para México.

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