Industria Atunera vs Parque Nacional de Revillagigedo

La industria pesquera en general, y la industria atunera en particular, creen que todo el territorio marino de México y su Zona Económica Exclusiva son de su propiedad. Se oponen furiosamente a la creación de un Parque Nacional en el archipiélago Revillagigedo, que será nuestra primera gran Área Natural Protegida marina (realmente protegida) de conservación estricta con exclusión total de pesca. El propósito del Parque Nacional es conservar con eficacia y a perpetuidad ecosistemas vitales y especies amenazadas o en peligro. El área propuesta que ocupará el Parque Nacional Revillagigedo es de 14.8 millones de hectáreas, lo que representa solamente el 0.9% del área total de pesca de atún reportada en el Océano Pacífico Oriental para la flota mexicana (incluyendo aguas internacionales), y menos del 7% de la Zona Económica Exclusiva en el Pacífico Mexicano. El polígono de 14.8 millones de hectáreas para el Parque Nacional, se deriva de la recomendación expresa de la UNESCO al Estado Mexicano, de extender la protección del sitio Patrimonio de la Humanidad al menos a la envolvente de 40 millas náuticas alrededor de las islas. Se trata de un polígono diseñado para garantizar la integridad de distintos corredores biológicos, de intercambio genético y de rutas migratorias internas y externas de una multiplicidad de especies. Sin embargo, la industria atunera ve en esto una amenaza inaceptable a sus intereses, por lo que despliega todos sus recursos de poder contra el Parque Nacional.

La verdad es que en el polígono del Parque Nacional sólo capturan el 5.3% del total de atún aleta amarilla, y 4.3% del atún barrilete. Podrán compensar con creces estos porcentajes pescando en otras áreas, incluso más productivas. Tengamos en cuenta que pescan con redes de cerco sobre delfines (que nadan asociados a cardúmenes de atún). Si bien han reducido de manera notable la matanza de delfines aún se cuentan por cientos los que son victimados cada año. Y esto, junto a miles de tiburones e individuos de otras especies que no tienen escapatoria, muchas de ellas amenazadas o en peligro, que también se asocian a los atunes y que mueren en las redes de cerco atuneras. (La llaman “pesca incidental”). Claro, los barcos palangreros son mucho peores, nadie lo discute.

Recibiendo subsidios millonarios por parte de CONAPESCA, la industria atunera hace la ridícula afirmación de que el Parque Nacional pondrá en peligro miles de empleos. También, que encarecerá y atentará contra la oferta de proteína barata para los consumidores. Al revés; el Parque Nacional será un gran vivero, zona de reproducción y desove de atunes y otra miríada de especies, lo que, junto con una pesquería bien regulada, garantiza una oferta viable a largo plazo de proteína de atún. Las zonas protegidas con exclusión de pesca tienen un enorme efecto de “derrame” biológico de peces sobre áreas externas (Spillover Effect).

Recordemos que la sustentabilidad de la pesquería de atún está en duda; cada vez capturan peces más pequeños; mientras que la captura total se mantiene apenas pero con un esfuerzo pesquero creciente (medido en número de lances). Aumenta la mortalidad por pesca de juveniles, y se reduce la biomasa reproductora de atún. Esto apunta a un próximo umbral de sobre-explotación. La industria presume de una certificación (Marine Stewardship Council) profundamente cuestionada por organizaciones e investigadores internacionales, precisamente, por soslayar los impactos de la llamada “pesca incidental” de tiburones y muchas otras especies.

La industria atunera se ha puesto del lado equivocado de la historia. Debe rectificar, resolver sus problemas de sustentabilidad, ver a largo plazo sus propios intereses y los de sus consumidores, y sumarse al apoyo abrumador nacional e internacional que está recibiendo el Parque Nacional Revillagigedo.

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